Importancia de las cajas de seguridad

Las cajas fuertes y cajas de seguridad se han convertido en recursos imprescindibles, tanto a nivel
particular como empresarial. Hay propiedades individuales o colectivas que han de ponerse a salvo
debido a su relevancia para las actividades importantes. Por este motivo, comprar una caja fuerte o
caja de seguridad (contenedores de protección de objetos, en ambos casos) se revela como una
necesidad.
Vale la pena repasar las características que tienen estos recursos de seguridad, ya que el tipo de caja
fuerte, en sentido general, que puede interesar dependerá de diversos factores.
En primer lugar, hay que recalcar que los términos caja fuerte y caja de seguridad son, prácticamente,
sinónimos. La diferencia principal entre ambos consiste en el lugar de la instalación. En este aspecto,
la caja fuerte se encuentra en un espacio que comparte con el propietario, ya sea un negocio o el
hogar. Por medidas adicionales de salvaguardia, las cajas de seguridad se instalan en espacios
externos a los de las actividades habituales de los propietarios. Salvo secuestro por parte de
captores, sus puntuales custodios no podrían ser forzados a abrirlas. Los materiales con los que se
fabrican (aleaciones especiales de metales), las garantías de seguridad (cerraduras, bloqueos…) y los
objetos que albergan (dinero, joyas, documentos valiosos, etc.) pueden ser similares. Sin embargo,
otro factor de distinción estriba en que la diferente ubicación de estos compartimentos implica usos
dispares de estos contenedores de protección. En las cajas fuertes se dejarán artículos cuya
utilización pueda requerirse en el día a día, ya que estarán a mano del propietario. Por otro lado, las
cajas de seguridad, por su ubicación más lejana, podrán reservarse para guardar objetos igualmente
relevantes, pero cuyo uso no sea frecuente ni urgente.
Una vez realizada esta distinción, cabe destacar la diversidad de cajas de seguridad existente.
Primeramente, según sus utilizaciones más comunes, sobresalen las domiciliarias y para negocios.
Sus usos y emplazamientos son, respectivamente, domésticos y empresariales. A continuación, se
señalan los diferentes tipos que es posible encontrar en el mercado:
– De sobreponer o sobremesa: son las más comunes y se colocan encima de una superficie, por lo
que no requieren una instalación complicada.
– De empotrar: se incrustan en muros y paredes o incluso en el suelo. Están disponibles en una gran
cantidad de modelos.
– Camufladas: destacan por su eficacia para pasar desapercibidas. Como es lógico, las hay con los
más variados niveles de seguridad y las más variadas formas.
– Ignífugas: protegen el estado de documentos de alto valor contra el fuego. También se caracterizan
por su fuerte resistencia al agua. Se distinguen por el tipo de materiales (básicamente, papeles y
soportes informáticos) que se guardan en ellas y su nivel de protección contra el fuego. Su interior
suele estar compuesto por vermiculita y perlita y su grado de resistencia al fuego e impacto, probado
mediante ensayo, hace acreedoras a estas cajas de distintas certificaciones.
En este repaso de las cajas de seguridad, los armeros merecen un apartado especial. Como su
propio nombre indica, sus compartimentos se destinan a la custodia de armas de fuego. A grandes
rasgos, se dividen en tres categorías:
– Homologados: tienen gran demanda, ya que se compran para cumplir con la legislación vigente.
Grosso modo, se dividen en preparados para armas largas y para cortas. Respectivamente, requieren
unos niveles de seguridad de Grado I y III.
– No homologados: no requieren nivel de seguridad certificado por ley, como en el caso de las
escopetas de caza y armas similares.
– Decorativos: tampoco requieren medidas de seguridad especiales, ya que se destinan a la
exposición de armas históricas.
Por último, hay que remarcar la existencia de otros tipos de cajas de seguridad, las cuales se
relacionan con finalidades más específicas:
– Armarios de seguridad: la amplitud constituye su rasgo principal, puesto que se emplean para
guardar objetos que ocupan un gran espacio.
– Cajas de cobro y para imposición de efectivo: caudalitas, portátiles, submostrador o antiatraco, con
ranura, con tolva…
– Otras: para videograbadoras y equipos informáticos, para llaves, para vehículos, cajones o
compartimentos de seguridad…
Además, según el modo de apertura, también hay que distinguir las siguientes cajas de seguridad:
– Solo llave.
– Llave y combinación eléctrica.
– Llave y combinación electrónica.
– Combinación electrónica motorizada.
Por lo que respecta al grado de seguridad, según el tipo de negocio o los objetos que se guarden, se
contemplan los siguientes:
– Grados I y II: armas largas.
– Grado III: armas cortas.
– Grados IV y V: despachos de apuestas, administraciones de lotería, bancos, joyerías…
– Grados superiores a los anteriores: incluyen mayores garantías de resistencia y protección.
En última instancia, es importante reseñar que las garantías citadas en el anterior apartado están
certificadas por la homologación con la Norma Europea EN 1143-1, en función del tiempo necesario
para abrir, con distintas herramientas, estas cajas de seguridad. Además, también se homologan las
cerraduras de seguridad (clases A, B, C y D), en función de los requisitos de fiabilidad, resistencia al
robo y apertura no autorizada.

Deja un comentario